martes, 6 de mayo de 2014

CONSTRUIR LA DEMOCRACIA POPULAR PENSANDO EN LA REVOLUCIÓN



Oscar A. Fernández O.

En el debate sobre el que hacer de la izquierda hoy, normalmente se interpone el alegato de que la desigualdad, la opresión y la miseria son hoy más grandes que nunca y eso demuestra que nadie ganó. Ocurre que esta posición hace tabla rasa de que la derrota fue más arrasadora precisamente, porque aun generando más hambre mundial y millones de desempleados, el capitalismo nos venció en todos los frentes. Es tan sólo una disculpa entreguista y una tesis que no se puede digerir.

Ahora bien, ¿cuál es el reto de la izquierda en El Salvador, para sostener y consolidar el poder?

Debemos de asumir la política como construcción de fuerzas y eso implica abandonar la visión acostumbrada de la política, que tiende a reducirla únicamente a lo relacionado con el régimen político-jurídico y a dramatizar el papel del Estado (visión neo-institucionalista); en esta visión caen tanto los sectores más radicales de la izquierda, como los más moderados: los primeros centran toda la acción política en la toma del poder político y la destrucción del estado y los más reformistas en la administración del poder político o ejercicio de gobierno. Todo se concentra en los partidos políticos y en la disputa en torno al control y la orientación de los instrumentos formales de poder; los sectores populares y sus luchas son los grandes ignorados. (Harnecker: 2000)

Repensar la construcción de las fuerzas sociales, es también superar la apretada perspectiva que reduce la soberanía a los aspectos prohibitivos del estado. El poder enemigo no es sólo represivo sino también constructor, moldeador, disciplinante (Ruíz: 1998)

Si el imperio de las clases dominantes sólo actuase como censura y exclusión, como ordenación de obstáculos o represión, sería más frágil. Si es más fuerte,  es porque además de evitar lo que no quiere, es capaz de construir lo que quiere; de moldear conductas, de promover saberes, discursos, conciencias; de inventar una forma de ver el mundo y de verlo a él mismo.

Considerar la construcción de fuerza, es también superar el antiguo y arraigado error de pretender construir fuerza política sin construir fuerza social.

Hablar de la institucionalización del neoliberalismo es hablar de la materialización de esa ideología en un modelo de Estado y de administración pública totalmente centrados en el mercado. De la fusión de esa ideología en las normas, los valores y principios que utilizamos para constituir la vida social. De la madurez y condensación de las ideas con las que, consciente o inconscientemente, determinamos y definimos lo socialmente bueno y malo, lo socialmente justo e injusto, lo socialmente legal e ilegal, y lo que se considera políticamente utópico y factible (Baltodano 2011)

Es hablar de un pensamiento político-económico, que expresa síntesis de los supuestos y valores básicos de la sociedad capitalista post industrial en torno al ser humano, el acaparamiento de la riqueza, la explotación de la naturaleza, la historia, el progreso, el conocimiento y la “buena vida”. Se establece así un orden de “derechos humanos”, sobre los derechos de los pueblos, como paso precisamente para negar el derecho a la mayoría de ellos.

Como acumulación de intensas luchas revolucionarias en la región en la segunda mitad del siglo XX, entre ellas la que protagonizara la entonces estructura político-militar FMLN, se produce hoy en el siglo XXI, una rebeldía de nuestros pueblos contra el ensayo neoliberal. Se origina un giro a la izquierda en América Latina, que cuestiona como aspecto central que nuestras naciones hayan sido “laboratorios sociales”, donde gobiernos entreguistas e inhumanos se subordinaran a una estrategia empobrecedora cuyo fin era garantizar la solvencia financiera del gran capital planetario.

Abreviadamente, con esa doctrina, se determina quién come y quién no come, quién va a ser pobre y quién va a ser rico, quién va a ser obeso  y quién va a morir de desnutrición, todo esto en equilibrio con los principios y transacciones del mercado global.

Los neoliberales, insisten en que debemos de aceptar que los recursos naturales estén controlados por multinacionales rapaces y que la corrupción generalizada sea una especie de castigo de los cielos que se debe asumir sin más. Debemos aceptar como legado el desprestigio de la política y las instituciones, una ciudadanía no solo empobrecida económicamente sino desinformada, manipulada y desorganizada como fruto de tantos años de represión y engaño. Debemos respetar escrupulosamente medios de comunicación, hostiles y monopólicos que convierten el ejercicio de la libertad de opinión en una farsa bufona. (García, 2006)

Como nunca en nuestra historia conocida, hoy se acortan las distancias entre pueblo y poder constituido. Se visualiza con claridad la necesidad de instalar un proceso de recuperación plena de la autoridad en el manejo de los sectores estratégicos de la economía y de nuestras riquezas naturales.

El proceso del cambio que hemos emprendido en El Salvador, debe culminar consolidándose como una nueva forma de vida conscientemente orientada, a modo de un proceso perfectible. Quizás sea ésta la idea que sustituya las relaciones sociales depredadoras construidas por el neoliberalismo y sirva de base para escalar a una sociedad mejor.

Esta sociedad que posibilite una vida conscientemente orientada por lúcidos líderes humanistas, por ejemplo, presupone la oportunidad de que sus ciudadanos decidan sobre el derecho de recibir del fondo social construido por la conjugación de los esfuerzos de toda la colectividad, lo que básicamente necesitan para reproducir sus condiciones de existencia digna, sea a través del salario laboral o de provisiones de seguridad garantizadas por el Estado.

Si esta decisión es consciente, el pueblo lo será también de las demás necesidades mínimas de cada ser humano y por tanto, presupone un beneficio para todos, además de una regulación ajustada a los valores que guían las relaciones de la solidaridad y al derecho de que el pueblo pueda decidir en condiciones de mínima igualdad, los rumbos de su existencia.

Cabe a aquellos que no nos conformamos con el actual orden mundial tutelado por los países ricos, que hoy se debate en una profunda crisis, plantear la necesidad de un Estado novedoso, que sin ignorar la realidad actual, no se subordine al capital financiero. Un proyecto que comprenda la aparición de un nuevo tipo de Estado, que privilegie y desarrolle la unidad dialéctica individuo-colectivo, que pueda ser consensuada, regulada, socializada en la dirección de la cooperación y de la solidaridad, para reconocer que la pluralidad y la diferencia sólo pueden ser garantizadas por una nueva dinámica pública, innovadora, revolucionaria, de participación popular, cuestión que tanto las obsoletas y descartadas derechas y las nuevas que emergen con peligrosos tintes fascistas, temen.

El desarrollo de la lucha revolucionaria en nuestros países, constata que el asunto crucial de del cambio debe conducir a la  edificación de la Democracia Participativa del pueblo, porque eso es devolver el poder usurpado históricamente por las elites burguesas, la capacidad de fijar su destino y enfrentar los procesos de acuerdo con sus intereses, con su nivel de conciencia y posibilidades de organización de lucha, para lo cual hay que proporcionarle una educación intensiva y progresiva que asegure dicha conciencia con  capacidad de  explicarse la realidad objetivamente, para poder transformarla.

Eso significa que el pueblo adquiere la capacidad de enfrentar las tareas históricas planteadas y maduras, y en la medida de su crecimiento en conciencia vaya abordando sus propios retos históricos, que habían sido ocultados y bloqueados debido a la enajenación de las masas producida por el orden dominante.

Para el éxito de esta obra, el Estado debe rediseñarse fuerte y socialmente efectivo, (no solo por una decisión coyuntural) donde prive el establecimiento de nuevas formas de participación y organización de la sociedad que relanzan la democracia formal y exclusivamente de élites (representativa, burocrática y decisionista) hacia una democracia protagónica, participativa.

La materialización íntegra de la democracia participativa, es el proceso de consolidar  todo el poder para el pueblo. La forja del poder popular ha venido ocurriendo de arriba hacia abajo, por la acción revolucionaria de una lucha que cuenta con miles de los mejores hijos e hijas de la patria que dieron su vida por ella, pero esto no ha sido suficiente hasta hoy, no obstante haber construido un gobierno progresista que por primera vez accede al Órgano Ejecutivo  en la historia de esta pequeña nación centroamericana. En el sistema en que vivimos aún existen trabas  y usurpaciones de los poderes tradicionales que a sangre y fuego han impedido la concreción de una sociedad equitativa, independiente y soberana.

Las nuevas democracias revolucionarias que germinan en América Latina  impulsan ya un mayor poder de decisión del pueblo soberano en los actos de gobierno, y para ello se han creado instrumentos que le permiten opinar y en algunos casos, decidir sobre cuestiones trascendentes. Estas acciones son para las oligarquías y sus aliados, una agresión a sus intereses omnímodos, que están dispuestos a desbaratar con métodos traicioneros y terroristas, en nombre de su  sacro santa libertad de mercado.

Sólo quienes temen perder los privilegios del poder y algunas fortunas de dudoso origen, temen por ejemplo a las consultas populares y a sus efectos vinculantes. La extrema derecha, con su careta “de oposición progresista”, sus eslóganes violentos e insultantes, su soberbia inveterada y sus apetencias de poder abusivo, son los más recalcitrantes enemigos de la democracia participativa, aliados con centristas y liberales de incierta reputación y voluminosos caudales. Es de sospechar que si algo les aterroriza, será rendir cuentas con el venidero fin de la impunidad que demanda el pueblo.


Una democracia firme solo puede construirse erradicando la opresión capitalista, eliminando la desigualdad y dotando a los ciudadanos de poder efectivo en todas las áreas de la vida política. Estas metas podrán alcanzarse con una democracia popular diferenciada del fracasado totalitarismo burocrático, que actualice los viejos ideales e implemente nuevas formas de participación pública. Las reformas en este proceso solo pueden ser válidas si constituyen los peldaños para llegar a la revolución adeudada. 

MADIBA: EL INQUEBRANTABLE

Oscar A. Fernández O.
Hombres y mujeres del pueblo, negros y blancos, líderes mundiales, políticos e intelectuales evocan a un hombre que usó la política para construir un mundo mejor, y no para crear una élite corrupta y ambiciosa.
“Mandela siempre será el sudafricano más significativo” dice Frederik de Klerk, último presidente de la Sudáfrica del “apartheid” con quien “Madiba” comparte un Nobel de la Paz, obtenido en 1993, por su lucha en contra de la segregación racial en este país africano.
Desde joven, Nelson Mandela se interesó por la política y la abogacía, además de que demostró su espíritu combativo, primero al rehusarse a ser el líder de su clan en la tribu de los Tembu y después, al ser expulsado del Consejo de Representantes Estudiantiles en el Colegio Universitario de Fort Hare por participar en una huelga estudiantil.
Mandela descubrió las realidades de la opresión blanca cuando se instaló en el barrio negro de Alexandra: pobreza, cesantía y violencia eran pan de cada día en el township. Se inscribió en la universidad de Witwatersrand y comenzó sus estudios de derecho. Para financiarlos, se desempeñó en una serie de pequeños empleos y fue finalmente contratado por un bufete de abogados blancos. La integración fue difícil.
Estos años reforzaron su odio profundo respecto del apartheid: en adelante, Mandela pretendía luchar por la dignidad de la comunidad negra. Uno de sus amigos, Walter Sisulu, lo hizo conocer el ANC, organización fundada en 1911 pero que seguía siendo elitista y carecía de un programa de acción. Adhirió a ella en 1944 y fundó junto con Tambo y Sisulu la Liga de la juventud, cuyo objetivo era reformar el ANC acercándolo a las masas. (Portal Planeta.com)
En 1956 fue juzgado por traición al régimen y permaneció en prisión hasta 1961; en 1962 se le detuvo nuevamente, acusado de querer derrocar al gobierno con violencia, fue condenado inicialmente a 5 años de prisión. En 1962 fue condenado por el régimen blanco a cadena perpetua por “sedición”.
En 1985 el presidente de Sudáfrica Pieter Botha ofreció la libertad condicional de Mandela a cambio de que desistiera de la lucha armada, ‘Madiba’ rechazó la oferta a través de un comunicado en donde establecía: “¿Qué libertad se me ofrece, mientras sigue prohibida la organización de la gente? Sólo los hombres libres pueden negociar”.
Podemos equivocarnos al creer que Nelson Mandela, el gigante sudafricano, es una especie de pacifista religioso y respetuoso de la legalidad burguesa imperialista, nada más alejado de la realidad. Mandela no tiene nada de parecido con los íconos religiosos y pacifistas sin más. Él fue quien una vez agotada la vía no violenta de lucha, creó y organizó la lucha armada, liderada desde el Congreso Nacional Africano, contra una de las más oprobiosas y criminales estructuras políticas de la historia, el apartheid, apoyado por la decisiva ayuda de Fidel Castro, que dirigió la ofensiva de las Fuerzas Armadas Cubanas, derrotando a los ejércitos de Sudáfrica, Zaire y a los mercenarios angoleños financiados por la CIA, en la famosa “Batalla de Cuito-Cuanavale”, lo cual Mandela agradeció siempre a su gran amigo.
Pero pese a todos estos graves acontecimientos, que causaron muchas muertes, Mandela siempre abogó por reconciliar a los enemigos, por pactar, por entender a quién lo adversaba, por no imponer su criterio. “En el curso de mi vida me he dedicado a la lucha del pueblo africano. He combatido la dominación blanca y he combatido la dominación negra. He promovido el ideal de una sociedad democrática y libre en la cual todas las personas puedan vivir en armonía y con igualdad de oportunidades. Es un ideal por el que espero vivir, hasta lograrlo. Pero si es necesario, es un ideal por el que estoy dispuesto a morir”
 Y vivió…y murió…y seguirá viviendo, porque para gigantes como él, la muerte es pura ficción.


domingo, 1 de diciembre de 2013

EL FMLN Y EL PUEBLO: FORJADORES DE LA HISTORIA Y EL CAMBIO


“A los que están aún marginados de este proceso
les digo: vengan hay un lugar para cada uno
en la construcción de un nuevo país”

Salvador Allende.
1971

Oscar A. Fernández O.

Estamos conscientes que nuestro país se encuentra en un cruce histórico, en un momento cuya tendencia apunta a la profundización de la crisis. Tenemos que desenredar esta especie de nudo y no disponemos de todo el tiempo, y para hacerlo sin que se agudice la violencia social, se necesita  insoslayablemente el imperio de la sabiduría, la justicia y la capacidad plena de liderazgos de primer nivel. Los Estados, su forma de gobernar y las sociedades en general atraviesan por una tirante relación, que nos está llevando a la deslegitimación de la institucionalidad y la política. Es urgente establecer cuáles son las oportunidades de avanzar y aprovecharlas inmediatamente, pero al mismo tiempo evitar los riesgos de resquebrajar el débil Estado heredado, como pretende el capitalismo anarquista.

Se necesita establecer cuáles son las facultades críticas para gobernar con una visión de largo plazo y que propuestas, por exigentes que sean, pueden ser factibles en un corto y mediano plazo. Los recursos limitados del Estado  deberán concentrarse en un reducido número de mejoras, capaces de lograr una diferencia real. Pretender abarcar más no sería ni lógico ni responsable, porque no se pueden afrontar las grandes transformaciones recurriendo simplemente a “más de lo mismo pero un poco mejor”. La estrategia óptima reside, por consiguiente en trabajar sobre un número adecuado y realista de reformas con un techo limitado para asegurarles factibilidad, mientras al mismo tiempo, adoptamos una posición suficientemente profunda para que el impacto sobre la capacidad de gobernar marque el cambio frente a la tradicional ineptitud y corrupción demostrada por las administraciones derechistas.

La transición democrática hacia sus niveles superiores (Rediseño del Estado y participación real de los ciudadanos en las decisiones de la Nación), que implica además el completo ejercicio de las libertades y la justicia social, comienza, para nosotros los revolucionarios con lo planteado en los Acuerdos de Paz y no ha concluido. Ciertamente se ha avanzado de manera lenta y superficial, con la participación del FMLN  y algunos movimientos sociales y la constitución de importantes pero insuficientes instituciones públicas civiles. Por tanto si los Acuerdos de Paz fueron concebidos como la puerta para entrar a una nueva sociedad más igualitaria y libre, veinte años después solo hemos avanzado a escasos centímetros del umbral.

La sociedad salvadoreña en su mayoría interpretó aquél trascendental paso, más allá que un simple cese de hostilidades, como la salida a la profunda crisis de ajuste, entre las estructuras políticas autoritarias del viejo régimen y las nuevas necesidades y exigencias de los salvadoreños. Los acuerdos de Paz y una nueva Constitución deberán materializar un Nuevo Contrato Social como, el proyecto para conformar y consolidar esas aspiraciones.

La oligarquía económica, poder de facto por excelencia, se abroga el derecho de violar sistemáticamente la Constitución e impone leyes que claramente contrastan con la justicia y su aplicación está sistemáticamente dirigida contra sus enemigos de clase.  Bajo este género de política, se consolida un sistema basado en la concentración de los ingresos económicos producto del modelo librecambista, que ha sido colocado por encima de la dignidad, la justicia y los derechos de las personas.

Esta camarilla, usando su poder de facto y todas las artimañas imaginables, se ha encargado de ir frenando las posibilidades de avanzar más rápido. Los revolucionarios somos los llamados a vencer dichos obstáculos, junto al pueblo salvadoreño e ir construyendo una sociedad que nos lleve a crear las condiciones para dar el salto transformador.

El entorno internacional es dramáticamente complicado. Los Estados tienen grandes limitaciones para resolver sus propios problemas (endeudamiento, corrupción, administración deficiente, seguridad pública, pobreza, etc.) y muestran incapacidad de enfrentar los problemas globales (economías trazadas por el FMI, terrorismo, crimen internacional, epidemias y pandemias muy graves, desastres medioambientales, extrema pobreza y hambre, etc.) En contraposición a los fervientes deseos de la humanidad de vivir en paz y con pleno uso de sus derechos, el planeta se enfrenta a un número de conflictos, guerras e injusticias, internas e internacionales, mayor que en cualquier otra época, con el desarrollo de un súper poder militar que sobrepasa la capacidad legal y legítima de las Naciones Unidas y otras organizaciones jurídicas internacionales, a lo que se suma la proliferación sin control de ojivas nucleares, armas bioquímicas y tecnología sofisticada de guerra, cuya ubicación es desconocida. El mercado negro de armas y el narcotráfico constituyen juntos, sin duda, el imperio paralelo al poderoso establishment del gran capital mundializado. La sociedad está sumergida hoy, como lo estuvo en el siglo pasado, en una explosiva polarización entre la pobreza y pobreza extrema de las mayorías y la opulencia insultante de unos pocos.

El rediseño de la forma de gobernar se sustenta en medidas modestas pero factibles que influyan en la construcción de un futuro mejor. Creemos que incluso leves mejoras en los procesos críticos de gobierno, pueden marcar la diferencia entre una fractura social y su consiguiente efecto, la violencia contestataria , y el avance de la democracia con un concepto más propicio de progreso humano, hasta que vengan ideas mejores y construyamos las condiciones propicias.

La seria crisis sociopolítica y cultural que vivimos los salvadoreños  puede ser útil y quizás esencial para provocar cambios e innovaciones profundas, pero no podemos dejarlo en manos de las corrientes conservadoras corporativistas y mercantiles que hasta hace poco gobernaban, pues para lograr que algunas de las crisis inevitables no se vuelvan consuetudinarias y resulten en innovaciones indeseables, son necesarias ideas y acciones nuevas, frescas, de cambio y profundamente arraigadas a las necesidades de la sociedad.

El poder personificado en el capital financiero global, que hoy dirige la historia mundial, vuelve ilegítimos a los estados nacionales, reprime la acción política tradicional, reorganiza a las sociedades en sectores de consumo y hace emerger un nuevo grupo de “intelectuales” de la internacionalización financiera, quienes disfrazan de teoría una serie de procedimientos empíricos que conforman el nuevo patrón de acumulación: la ideología del neoliberalismo. Pero todo esto ha generado a su vez, nuevas fuerzas sociales que defienden sus derechos como una forma de resistencia ante una poderosa máquina generadora de atropellos y  de una cultura de agresión y violencia contra los pueblos más vulnerados.

Por lo tanto, es necesario aumentar el poder de la gente, que significa no la desaparición del Estado, sino al contrario el rediseño del mismo, como una creación del pueblo, con el pueblo y para el pueblo. Debe priorizarse la búsqueda permanente de las personas aptas para construir mecanismos de control cristalino en el manejo de la cosa pública y sus instituciones.

Hacer que el Estado llegue a la sociedad a través de los partidos políticos y las instituciones únicamente, ya no es posible, por eso resulta impostergable crear un nuevo espacio público amplio no estatal, que en coordinación con las instituciones centrales y los gobiernos locales, abra un nuevo lugar de decisiones. Ese deberá ser nuestro gran aporte en un futuro de medio plazo.

En el marco de la consolidación de una democracia participativa es esencial cambiar el concepto tradicional cerrado y aislado de gobernar, por uno actualizado, abierto, participativo, democrático y fundido con las masas trabajadoras, con el fin de preservar una amplia interpretación del interés público que abarque las necesidades de los seres humanos como un todo. Estas élites deberán incluir a políticos representativos, funcionarios de primer orden, obreros y activistas sociales de distintas categorías, sin que se caiga en el error de crear burocracias amamantadas por los procesos de transición social y que de acuerdo a la experiencia, se convierten en círculos de poder reaccionarios que terminan planteando como fin “la humanización del capitalismo” y el impedimento a la lucha de clases.

No es posible, dar saltos de la noche a la mañana porque existen estructuras reaccionarias que no lo permiten y el primer aspecto es crear una estrategia anti-neoliberal, anti-capitalista. Es un proceso de transición, que nos permite no desviarnos del camino y se refleja en algo que es la base para cambiar el modelo actual: el aseguramiento de las condiciones básicas de la población. El Estado no es el fin, sino un medio para la construcción de la democracia participativa, del poder popular.


Por eso votar por el FMLN es votar por el proceso de cambio que ya ha comenzado, un cambio que no es palabra vacía, no es propuesta que se la lleva el viento, no es sólo una consigna partidaria, ni mucho menos un slogan del “marketing electoral”, es una estrategia y una realidad que ya está en marcha hacia el futuro.

jueves, 28 de noviembre de 2013

FMLN: LA DISYUNTIVA HISTÓRICA



Oscar A. Fernández O.


Sobrevivimos en una etapa en la que se ha moldeado como “credo universal”, la conocida máxima de F. Hayek, que afirma que justicia social no es otra cosa que una receta vacía, convencionalmente usada, para que cualquier reivindicación sin ninguna razón que la sostenga, sea aceptada. (The atavism of Social Justice in New Studies in Philosophy, Politics, Economics and The History of Idea, Routledge and Kegan Paul, London, 1978, pp. 57-68)

Sin embargo, más allá de la arrogancia y prepotencia con la que se exhibe el capitalismo global dominante, vemos surgir en su seno, procesos de incertidumbre y caos en lo económico, en lo ideológico y en lo político, generando una poderosa bomba de tiempo cada vez mayor. Pese a los teóricos de este modelo, la realidad nos demuestra que el fin de la historia está muy lejos de producirse. (Dieterich: 1999)

El Banco Mundial, asumiendo un rol de liderazgo frente al derrumbe de la ortodoxia capitalista global y el aumento exponencial de la pobreza y la marginación social en la mayoría de países del mundo, publicó su famoso Informe sobre el Desarrollo Mundial y La Pobreza. En él postula, que la reducción de la pobreza en el orbe es la máxima prioridad. Así, este propósito se catalogó como su objetivo fundamental, para el cual se lanzó un programa asistencialista.

A esta estrategia se le ha dado en llamar “el aggionarmento” (actualización) del modelo neoliberal, cuyos indicadores veinte años después, demuestran que ha sido un total fracaso. Ha quedado en evidencia que el neoliberalismo es una matriz móvil que conserva principios constantes (Ezcurra.:1998)

¿Puede entonces, obtener legitimidad, un nuevo proyecto histórico cómo alternativa al capitalismo, a su crisis sistémica y al empobrecimiento y marginación acelerada de las mayorías en el mundo? La legitimidad de una sociedad política, sostienen las nuevas academias críticas, se deriva de dos componentes fundamentales: los ordenamientos formales que determinan los mecanismos de acceso al poder, que deben ser transparentes y equitativos para todos los ciudadanos y, los preceptos materiales que son la razón de ser de la convivencia social.

La necesidad de un nuevo proyecto histórico revolucionario, se deriva no de un capricho ideológico, sino de la tragedia humana que ha producido el fracaso del capitalismo global, que no logró establecer las condiciones reales de democracia real y justicia social, que fueron las pretensiones originales del liberalismo, hijo de la Ilustración. “Quedan así destrozados los valores fundamentales del Siglo de las Luces y de la Ilustración” y todos somos llamados a legitimar esta “nueva era” incluso para fundamentar legalmente la desigualdad (T. Genro: 2000)

Frente a este desolado escenario, la tarea política más apremiante para la izquierda revolucionaria en El Salvador, consiste, en tanto alista su fuerza electoral para continuar con la transformación de la crítica realidad nacional (y contribuir a la lucha a nivel internacional), en construir respuestas en consulta con los amplios sectores populares de manera permanente, con la celeridad que una respuesta a la crisis demanda.

Contrariamente a la deshumanización capitalista, toda concepción científica dialéctica de la sociedad ha de partir de la naturaleza humana como la condición constitutiva más importante de un sistema social. Marx entendió y explicó al homo sapiens no solo como un ente histórico, sino también biológico, con determinadas estructuras no culturales. Primero es la estructura humana en general y después, la naturaleza humana modificada según cada época, apuntó en el Tomo I de El Capital (1863)

La ejecución de un nuevo proyecto histórico antitético, no sería factible solamente negando al neoliberalismo, pues esto no constituye una estrategia de cambio estructural. Tampoco parecen existir las condiciones para la revolución armada clásica, sobre todo en los centros del régimen dónde se concentra el poder global y en sus cercanías. La creación de las organizaciones obreras y de masas, no está siendo determinante, más allá de un esfuerzo organizativo abstracto, frente a la demanda urgente de resolver el complejo problema sociopolítico real. Sencillamente porque una organización sin contenido programático es simbólica y carece de sustancia política que, dialécticamente, es su razón de ser y le da vida y cohesión.
La esencia de la sociedad participante es que los pueblos dejen de ser masas gobernadas y conduzcan su vida política y económica, conscientemente auto determinados”, sostiene Rosa Luxemburgo en el manifiesto de La Liga de Espartaco (1918), definiendo así la esencia participativa de los pueblos en el destino del Estado.

La izquierda salvadoreña debemos, a partir de ya, redoblar el impulso del programa de un nuevo proyecto histórico alternativo, más de allá de simples y puntuales estrategias electorales. Hay que delinear el Programa de la Nueva Sociedad Democrática Popular (participativa), que tendría dos funciones reales: la ideológica y la de poder, sostiene Dieterich (2001)

La base de su concepción, contenido y desarrollo no puede ser otra que el profundo arraigo a las masas, que constituyen la fuente de legitimidad y efectividad del poder.
La función ideológica y política del proyecto permitirá dar a conocer al pueblo y demás actores sociales, la nueva concepción de la realidad y del país y, a través de procesos de concienciación, lograr que el pueblo comprenda que es el nuevo sujeto de cambio.

La función de poder será la del cambio de correlación de fuerzas, entre los potentados capitalista y las fuerzas de la democratización real. Los cambios estructurales de fondo, que son necesarios para instaurar la democracia plena e incluyente, sólo pueden alcanzarse mediante un amplio y largo proceso de concienciación política y cultural entre las mayorías, que les permitirá transformarse de objetos de la historia en sujetos políticos, sabiendo que son capaces de cambiar la historia.

Es fácil comprender lo complicado que consiste revertir a favor del pueblo, unas relaciones de poder que siempre han beneficiado sólo a unos pocos opulentos. Pero esta consideración no puede ser confundida con lo imposible. Es dificultoso; sin embargo, posible y probable.



miércoles, 6 de noviembre de 2013

ANEP: EL COMPLOT DEL MIEDO


Oscar A. Fernández O.

ARENA-ANEP debería de estudiar más la historia de los movimientos emancipadores en América Latina, es decir ilustrarse, pues la oligarquía salvadoreña no se caracteriza por su educación y desarrollo cultural, sino más bien por ser una de las cúpulas acaudaladas más pedestres, presuntuosas, cursis, analfabetas funcionales y atroces. Sus ridículos discursos sobre terrorismo, comunismo, chavismo y no sé cuántos “ismos” más, son lo mismo de siempre y la gente cada día les cree menos.

Sin embargo, no olvidemos que el recurso al miedo y a la incertidumbre, sigue siendo una poderosa arma de dominio de las hegemonías. Hoy no se trata solo de los temores tradicionales a la muerte, el infierno, la enfermedad, la vejez, la indefensión, el terrorismo, la guerra, el hambre, las radiaciones nucleares, los desastres naturales, las catástrofes ambientales, sino también del miedo a un nuevo poder fáctico que denominan "la dictadura de los mercados", que tiende a reducir los beneficios sociales y las conquistas populares del último medio siglo.

Actualmente la oligarquía salvadoreña tiene miedo de verdad y fabrica un complot para contagiar el miedo a la sociedad y al mismo tiempo amenazarla. Frente a la creación de verdaderas alternativas económicas emancipadoras que trabajan por la igualdad y la libertad, y que irrumpen en el mercado hasta hace poco propiedad exclusiva de los burgueses, promoviendo políticas inclusivas, la oligarquía patalea y amenaza…sus extravagantes ganancias caen.
En diciembre del 2001 en el marco de la III Cumbre de Jefes de Estado y Gobierno de la Asociación de Estados del Caribe, celebrada en la Isla de Margarita – Venezuela, el Presidente Hugo Chávez presenta la idea del ALBA,  como una propuesta de integración integral, económica, social, política y cultural de los pueblos de América Latina y el Caribe.

Si miramos hacia el pasado, podemos encontrar las raíces de este proyecto en documentos como la Carta de Jamaica, cuando por primera vez Simón Bolívar establece la doctrina de unidad y soberanía de los países que se independizaban del poder colonial. Podemos analizar otros documentos históricos que son claros antecedentes del ALBA y que comprueban que ésta idea se sustenta en el pensamiento de Bolívar, Martí, Sucre, O´Higgins, San Martín, Hidalgo, Petion, Morazán, Sandino y tantos otros próceres, sin nacionalismos egoístas ni políticas nacionales restrictivas que nieguen el objetivo de construir una Patria Grande en la América Latina, según la soñaron los héroes de nuestras luchas emancipadoras.

La institucionalidad de la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) surgió oficialmente el 14 de diciembre de 2004 cuando los presidentes de Cuba, Fidel Castro y de Venezuela, Hugo Chávez se reunieron en La Habana y firmaron los protocolos de su fundación como forma de integración y unión de América Latina y el Caribe basada en un modelo de desarrollo independiente con prioridad a la complementariedad regional, que permita promover el desarrollo de todos y fortaleciera la cooperación mediante el respeto mutuo y la solidaridad.

En junio del 2009, los Jefes de Estado y de Gobierno de los países miembros decidieron que el ALBA - TCP se denominará “Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América – Tratado de Comercio de los Pueblos” (ALBA – TCP) en el entendido que el crecimiento y fortalecimiento político del ALBA - TCP  la constituye en una fuerza real y efectiva.

Los países que hasta hoy se han incorporado a esta iniciativa regional, sin la tutela de extraños, son Venezuela, Cuba,  Bolivia,  Nicaragua,  Dominica,  Honduras,  Ecuador,  San Vicente y Las  Granadinas, Antigua y Barbuda, y Santa Lucia.

En el caso de Honduras, la ultraderecha, personificada al igual que en El Salvador, en la asociación de empresarios, con la complicidad de otras fuerzas oscuras del área, patrocinaron un golpe de Estado que derrocó al legítimo Presidente Manuel Zelaya. Uno de los pretextos fue que “una infiltración terrorista y chavista” se proyectaba a través de ALBA. Nótese apreciable lector, la coincidencia de los discursos con la ANEP.
La Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América - Tratado de Comercio de los Pueblos o ALBA-TCP (en ocasiones denominada extraoficialmente por su nombre inicial Alianza Bolivariana para América o ALBA) es una organización internacional de ámbito regional, enfocada para los países de América Latina y el Caribe que pone énfasis en la lucha contra la pobreza y la exclusión social con base en doctrinas de izquierda. Lo contrario que hacen las derechas fascistas.
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El ALBA  se fundamenta en la creación de mecanismos que aprovechen las ventajas cooperativas entre las diferentes naciones asociadas para compensar las asimetrías entre esos países. Esto se realiza mediante la cooperación de fondos compensatorios, destinados a la corrección de discapacidades intrínsecas de los países miembros, y la aplicación del TCP (Tratado de Comercio de los Pueblos).

El ALBA-TCP otorga prioridad a la relación entre los propios países en pie de igualdad y en el bien común, basándose en el diálogo subregional y abriendo campos de alianzas estratégicas fomentando el consenso y el acuerdo entre las naciones latinoamericanas.

La característica definitoria del ALBA son las bases ideológicas y éticas que sustentan las relaciones entre sus miembros. En primer término, la solidaridad entre los pueblos como principio rector, que la diferencia de todas las demás asociaciones entre Estados existentes a escala global.

El comercio y la inversión los conceptúa como medios y no fines, llamados a elevar la calidad de vida de sus integrantes; subordina el mercado a la justicia social y toma en cuenta las asimetrías y la complementariedad entre las economías, de modo que las decisiones se adopten mediante la observancia de la equidad y en ningún momento movidas por el afán de lucro de un Estado, una empresa o un territorio a costa de otros.

En el espíritu que anima el ALBA se llevan a cabo otras acciones solidarias como la Operación Milagro, que ha devuelto la visión a más de un millón 600 mil personas, y la aplicación masiva del método educativo “Yo sí puedo”, que erradicó ya el analfabetismo en Venezuela, Bolivia y Nicaragua y se extiende por el mundo, siendo El Salvador, dónde actualmente avanza en la eliminación de laignorancia, sostenida a través de décadas, por la oligarquía salvadoreña.

Así mismo ALBA-El Salvador, ha impulsado junto al gobierno la reactivación de la Agricultura, abaratando los insumos agrícolas, misma que ARENA-ANEP había condenado a muerte para promover el consumismo de los TLC-USA. ALBA-El Salvador, ha promovido y alentado la incorporación de miles de jóvenes a la educación, que ANEP-ARENA ya habían relegado al ostracismo para convertirlos en mano de obra barata; en este rubro se han otorgado miles de becas y hoy se inicia con el programa de “una computadora para cada alumno”, donando al Ministerio de Educación, en un acto inédito, miles de computadoras que sin duda elevarán la calidad tecnológica de la enseñanza. ALBA promueve el deporte entre los niños y jóvenes, como parte de la sanidad mental y física de este importantísimo sector poblacional.

El ALBA ha demostrado también su eficacia como mecanismo de concertación y cohesión política latinoamericano y así se pudo apreciar con la derogación de la resolución que excluía a Cuba en la reciente Asamblea General de la OEA.

El ALBA es consecuencia del ciclo de luchas anti neoliberales latinoamericanas, cuyo inicio se gesta a finales de los años 40 y hunde sus raíces en el plan de unidad emancipadora continental. Este, como el ALBA, pareció un sueño en su momento pero es el único camino para que las naciones de América Latina y el Caribe rompan con la dominación imperialista y el subdesarrollo y afiancen su soberanía y autodeterminación. El ALBA crece y es su embrión.

Tres hechos, con profunda base económica e indudable trascendencia política, requieren ahora aunque sea una enumeración somera: la constitución de la Comunidad Sudamericana en el Cuzco, el lanzamiento del ALBA en La Habana, y la celebración de la Cumbre del MERCOSUR, en OuroPreto, Brasil.
El ALBA se propone emprender cambios profundos en las caducas estructuras económicas, sociales, políticas y culturales en América Latina. Los objetivos permanentes del ALBA inquietan y alteran a Washington que se desvela, junto a sus coleópteros locales (ARENA-ANEP) para desestabilizar a los regímenes surgidos y apoyados por las mayorías populares. “Ya han intentado golpes militares en Bolivia, Ecuador y Venezuela, y los han concretizado en Honduras y Paraguay; hoy quieren desestabilizar El Salvador, pero se han encontrado con la resistencia de una poderosa izquierda organizada, que en su momento fue la mejor guerrilla revolucionaria del mundo.


domingo, 3 de noviembre de 2013

LA ANTIPOLÍTICA Y EL NEOINSTITUCIONALISMO OLIGÁRQUICO
Epístola a los “Peregrinos”…
Oscar A. Fernández O.
Estaba claro, para Gramsci que la clase dirigente refuerza su poder material con formas muy diversas de dominación cultural e institucional, mucho más efectivas – que la coerción o el recurso de medidas expeditas-, en la tarea de definir y programar el cambio social exigido por los grupos sociales hegemónicos. De modo que si se quiere cimentar una hegemonía alternativa a la dominante, es preciso propiciar una batallade posiciones cuyo objetivo es subvertir los valores establecidos y encaminar a la gente hacia un nuevo modelo social.
El concepto de hegemonía de Gramsci es de un indudable valor para rediseñar la democracia. Pues ésta es también reflexionar desde las prácticas sociales, es tomar partido en la tarea de responsabilizar socialmente a la filosofía. De ahí el interés de Gramsci en acabar con la división entre los intelectuales y las masas, entre dirigentes y dirigidos. Recuperar el concepto de hegemonía de Gramsci puede ser la base de un proceso constituyente que presente alternativas fiables para la izquierda en este siglo.Sobre todo, si entendemos la democracia como un proceso abierto a prácticas concretas y a la deliberación cívica, como una asociación capaz de transformar las relaciones de dominación en formas de autogobierno, esto es, de poder por y para el pueblo (Prieto y Martínez: Hegemonía y Democracia en el siglo XXI)
Es difícil hablar de democracia liberal en los tiempos que corren, sin considerar a los partidos políticos, pues ellos son los principales articuladores y aglutinadores de los intereses socialessegún la teoría del Estado burgués moderno. Para precisar su origen podemos distinguir dos acepciones. Una concepción amplia de partido nos dice que éste es cualquier grupo de personas unidas por un mismo interés, y en tal sentido el origen de los partidos se remonta a los comienzos de la sociedad políticamente organizada.
Si, en cambio, admitimos la expresión partido político en su concepción restringida, que lo define como una agrupación con ánimo de permanencia temporal, que media entre los grupos de la sociedad y el Estado y participa en la lucha por el poder político y en la formación de la voluntad política del pueblo, principalmente a través de los procesos electorales, entonces encontraremos su origen en un pasado más reciente. Se discute, así, silos partidos surgieron en el último tercio del siglo XVIII o en la primera mitad del XIX en Inglaterra y los Estados Unidos de Norteamérica. En esta acepción, por tanto, el origen de los partidos políticos tiene que ver con el perfeccionamiento de los mecanismos de la democracia representativa, principalmente con la legislación parlamentaria o electoral, algo en que la derecha salvadoreña y sus patronos siempre estuvieron de acuerdo... ¿Por qué hoy reniegan de los partidos y la política, culpándolos de todos los malos habidos y por haber? ¿Por qué hoy su discurso se funda en “no politizar” la problemática social? ¿Por qué sostienen un furibundo discurso (como el de la ANEP y sus adláteres) para que se borre a los partidos políticos, especialmente a la izquierda, de la faz de la tierra?
Al respecto, Pablo Dávalos, sostiene que “Entre el vaciamiento de la política y los orígenes de la llamadabiopolítica del homo economicus, se sitúa una reflexión a la que los neoliberales de la Sociedad del Monte Peregrino le dan mucha importancia, porque les otorga una proyección histórica y civilizatoria desde la cual establecen un sentido de largo plazo para su proyecto político. En ese horizonte civilizatorio los neoliberales encuentran también una justificación ética para su proyecto. Esta reflexión establece las condiciones de posibilidad para una comprensión de la historia y de la sociedad desde los marcos teóricos básicos del neoliberalismo. Se trata de la teoría liberal de las instituciones que en el caso de la economía neoliberal se denomina neo institucionalismo económico, y ahí constan nombres importantes de la sociedad del Monte Peregrino como J. Buchanan, G. Tullock y G. Stigler. En la actualidad, los teóricos más importantes del institucionalismo económico son Douglas North, Oliver Williamson, ElinorOstrom, entre otros” (Dávalos: 2013)
El neo institucionalismo liberal ha creado el umbral histórico y la estructura social necesaria para el despliegue de la racionalidad y la acción estratégica del homo economicus, ya no más el zóon politikon. En esteofrecimiento, la condición de homo economicus es la base para todo comportamiento humano independientemente de sus particularidades identitarias, políticas o culturales. Todo ser humano debe ser asumido, desde el neoliberalismo, como “capital humano” y, en consecuencia, su “acción humana” como la denominaba Von Mises, siempre es y será estratégica (L. Von Mises: Remarksonthe Fundamental Problem of theSubjectiveTheory of Value)
A esta acción humana estratégica e instrumental, la teoría liberal de las instituciones, cuando el homo economicus actúa en ese comienzohistórico y social, la denomina “acción colectiva”. En consecuencia, la “acción colectiva” no significa una posición crítica de los individuos ante su propia historia y su capacidad de interpretarla y transformarla, sino más bien la actualización de intereses estratégicos individuales que convergen y que, de esta manera refuerzan la visión del capital humano como capital social.
Esta sospecha se ve avalada por la forma por la cual el neoliberalismo crea sus supuestos de base: (a) la sociedad, como “auto-creación que se despliega como historia”, no existe; lo que existe son seres humanos concretos con intereses individualizados y que buscan maximizar su propio interés; (b) esos seres humanos concretos pueden ser comprendidos bajo el argumento teórico del homo economicus, es decir, individuos racionales, autónomos y egoístas; (c) los comportamientos del homo economicus pueden ser identificados como patrones conductuales que tienen una base neurobiológica específica (Castoriadis: 2005)
En esta reflexión ya no constan, ni siquiera como residuo, las preocupaciones fundamentales de los liberales de mediados del siglo XX, es decir, aquella disputa acre y dura contra los marxistas o contra los keynesianos que les obligaba a los neoliberales a otorgar un sustento teórico y filosófico más acotado a la realidad social e histórica. Recordemos a Hayek y al filósofo Popper, desarrollando su idea de “lo social” como la reivindicación histórica de una nueva forma de enfocar el liberalismo, ligada al pensamiento iluminista y en contraposición del Estado keynesiano y el Estado socialista marxista (1947)
En la actual teoría liberal de las instituciones, los neoliberales incluso se dan el lujo de reconocer ciertos aportes de Marx a quien le admitensus preocupaciones por la historia. Pero, las referencias a Marx que hacen algunos de los neoliberales de la escuela del neo institucionalismo económico, Douglas North entre ellos, no debe llamar a engaño. Es una referencia hecha para legitimar sus propias interpretaciones sobre la historia. En efecto, Louis Althusser decía que Marx habría abierto, para las ciencias, el continente de la historia, así como Tales de Mileto habría abierto el continente de las matemáticas. Para la teoría institucional del neoliberalismo se trata de hacer precisamente lo contrario: cerrar de forma definitiva la historia (Dávalos: up supra)
Durante mucho tiempo, al neoliberalismo le ha interesado que la economía se separe del paradigma del Estado-nación y se dé a sí misma reglas transnacionales de funcionamiento. Al mismo tiempo partía del principio de que el Estado seguiría desempeñando el papel de costumbre y conservaría sus fronteras nacionales. Pero, desde los atentados, los Estados han descubierto a su vez la posibilidad y el poder de forjar alianzas transnacionales, aunque, de momento, sólo en el sector de la seguridad interior.
De pronto, el principio de contradicción del neoliberalismo, la necesidad del Estado, reaparece por todas partes, y en su variante hobbesiana más antigua: la garantía de la seguridad y un soporte llamado Derecho. Lo que resultaba impensable hace poco –vulnerar las soberanías nacionalesse vuelve lo más normal. Y quizá asistamos pronto a convergencias similares con ocasión de las posibles crisis de la economía mundial. Una economía que debe prepararse para nuevas reglas y condiciones de ejercicio. La época del cada uno en su ámbito de excelencia y predilección está ciertamente superada (U. Beck: Le Monde 2010)
A medida que se aproximan las elecciones presidenciales, aumenta el miedo de la derecha arenera. Como expresión política de lo que aún queda del empresariado oligárquico; se saben en minoría y temen el triunfo de una fuerza mayoritaria indiscutible de la izquierda, en la cual ganan terreno demandas como cambios más profundos hacia la refundación de un Estado de iguales y democracia popular.
Lo demuestra la guerra sucia que ha iniciado a propósito de los partidos políticos que no le son afines, pero sobretodo contra la izquierda, el FMLN. La derecha necesita aferrarse a un poder que de ser impugnadoabre la probabilidaddel término del modelo neoliberal y, por ende, de una institucionalidad que encarcela la voluntad popular y congela esta situación en beneficio de los sectores dominantes.
En ese plano, la campaña del miedo apunta contra la Asamblea Legislativa y el Órgano Ejecutivo, que se demonizan como expresión de populismo, sinónimo de despilfarro y de contaminación política, en un ambiente en el que tiene que privar la tecnocracia y el burocratismo del mercado (sic!). Lo notable es que nada de lo que teme la derecha ha ocurrido en los países en que se han iniciado procesos de cambio para mejorar, usando por ejemplo formas de participación directa ciudadana.Esos países son hoy mucho más democráticos y participativos.





jueves, 24 de octubre de 2013

LA UES DEBE SER AUTÓNOMA CON TRANSPARENCIA



Oscar A. Fernández O.


El principio de autonomía universitaria ha sido muy discutido, y aunque sus alcances se han precisado en las respectivas leyes orgánicas, intereses políticos lo han tratado de desvirtuar, como en el caso de quienes identifican autonomía con extraterritorialidad o peor, con impunidad. Es compromiso permanente del Estado respetar irrestrictamente la autonomía para que las instituciones de cultura superior se organicen, administren y funcionen libremente, y sean sustento de las libertades, jamás como fórmula para crear feudos que implique un derecho territorial por encima de las facultades primigenias del Estado.

La autonomía fue ganada por la UES para que pudiese cumplir sus funciones sin injerencias externas y ajenas, que le dificultarían el cumplimiento de aquéllas conforme a los principios académicos y de proyección social, para que la educación que se imparta se encuentre libre de todo dogmatismo o ideología.

La autonomía económica de la UES, consiste en la administración de su patrimonio. Este es un aspecto de particular importancia. Las universidades públicas no pueden cubrir sus necesidades con recursos propios, lo que hace necesario que el Estado les otorgue un subsidio. Recuérdese que las universidades cumplen funciones que al Estado corresponden. Luego, el subsidio es una obligación de éste, no un acto de gracia.

No obstante, a través del subsidio el Estado podría, llegado el caso, tratar de influir en las universidades, y es por ello que se ha entendido que la autonomía, desde el punto de vista económico, implica que son las propias universidades las que determinan en qué materias y en qué proporción se gastarán los recursos. En consecuencia, la autonomía económica tiene especial importancia a pesar del otorgamiento de los subsidios. Con los enormes gastos que una universidad pública realiza no es posible que los efectúe con sus propios recursos; luego, autonomía no es sinónimo de autosuficiencia económica.

Las instituciones que reciben fondos provenientes del Estado, suelen publicar sus estados contables y entregarlos al órgano de fiscalización, como principio de transparencia y rendición de cuentas. El manejo de sus recursos económicos no debe prestarse a duda o suspicacia algunas. La universidad, en este aspecto, debe ser una caja de cristal. Este no es, lamentablemente el caso de la Universidad de El Salvador hoy en día, pues es prácticamente la única institución pública, que no liquida su presupuesto en tiempo, según el Ministerio de Hacienda.

En medio de todo este ambiente poco claro de administración de las autoridades actuales, en dónde algunos señalan evidentes indicios de corrupción y otras desviaciones, se ha suscitado un enfrentamiento dirigido contra el Gobierno y en parte contra la Asamblea Legislativa, pues se dice que de manera malintencionada, se está privando a la UES de su presupuesto y esto amenaza con una supuesta “crisis” sin antecedentes.

Nada más falso. Las autoridades centrales de la UES (Rectoría y CSU), se han parapetado en un argumento baladí y perverso, pues dicen que se les adeudan quince millones (por su parte, la Asamblea General Universitaria, sostiene que son casi nueve millones de dólares y otras voces allegadas al Rector sostienen que siete, lo cual es poco serio) para poder terminar el año fiscal 2013, y debe reforzarse con un tanto similar al presupuesto del 2014, al cual ya se le trazó un techo de acuerdo a la situación financiera del Estado, que no está en período de bonanza, sino más bien en déficit. El gobierno y la fracción parlamentaria del FMLN, están tratando de conseguir una cantidad que aunque menor, podría amortiguar el problema. Pero la verdad, es que por más que se planteen cifras, estas no han podido ser contrastadas con los informes financieros, porque los mismos (cuando los hay) no representan la realidad y se contradicen. El Ministerio de Hacienda plantea que la UES no finiquita su presupuesto, aun cuando éste proviene del dinero público.

La UES debe volver a ser la conciencia crítica del país, tierra de emancipación en donde se examinan y conviven todos los pensamientos científicos y políticos. Estos aspectos influyen en el sistema político y en el propio Estado, sobretodo hoy que las políticas progresistas y de izquierda, tratan de reconstruirlo después de la debacle propiciada por la privatización desaforada, para convertirlo en un Estado de iguales que deba repartir la riqueza producida por la nación. Estas actitudes mezquinas y nebulosas en la forma de administrar la UES, retardan y complican esta pretensión, por demás histórica.

Las relaciones entre la UES y esta nueva proyección Estado deben ser de mutuo respeto (el Estado ya no es el enemigo de la UES, como lo ha sido en el pasado reciente), cada quien debe actuar dentro del campo de atribuciones que le corresponde. El país pierde cuando se quiebran estas relaciones de respeto. La UES debe estar comprometida con los problemas de la nación y deben auxiliar en su solución.

Las universidades en el cumplimiento de sus funciones se encuentran con las siguientes limitaciones: 1. Realizar sus funciones bien y no las que no le corresponden; 2. Respetar el orden del Estado, salvo que éste sea maneje de forma abusiva; 3. Actuar libre y responsablemente, es decir, sin libertinaje ni anarquía, y 4. Los recursos económicos de que disponga, deben ser suficientes para que pueda cumplir adecuadamente con sus fines, a la vez que deben utilizarse con pulcritud y transparencia, presentando al pueblo y a la comunidad universitaria las cuentas claras.